Espléndida Procesión de Viernes Santo
Este año sí. Gracias a Dios nuestra Cofradía pudo realizar su estación de penitencia por las calles de Úbeda sin ningún contratiempo.
A las 12,30 h. se abrían las puertas del templo de la Trinidad y nuestra cruz guía cruzaba el umbral de la misma para abrir camino a un impresionante guión de cofrades penitentes que quisieron participar en la procesión. La banda, perfectamente organizada, bajaba la lonja y comenzaba a anunciar, con el tradicional “toque de la Expiración”, que nuestra Cofradía ya estaba en la calle.
Tras ella, el estandarte del Cristo seguido del hermano campanillero eran el inicio de una interminable fila de cofrades. Los niños con los banderines de las Siete Palabras de nuestro Señor aparecían sonrientes y orgullosos de participar en su procesión con tan importante misión.

Una inmensa nube de incienso precedía a la imagen de nuestro Santísimo Cristo que, de forma majestuosa, se asomaba al Gólgota ubetense ante cientos de miradas espectantes. A los pies de nuestro Titular, docenas de rosas rojas adornaban su particular monte Calvario. Nada mejor para definir la escena que recuperar una parte de nuestra oración:
“…que en el árbol de la cruz, exaltado por el Padre, Triunfante,
recorres nuestras calles todas las tardes del Viernes Santo”.
El lamento lanzado al viento por nuestros trompeteros aportaba el particular sonido del Viernes Santo ubetense.
Más y más cofrades penitentes seguían surgiendo del interior de la Trinidad. Al cabo de unos minutos, el simpecado de la Virgen señalaba el inicio del segundo tramo de la procesión.
El segundo corro de trompeteros, preparados para anunciar a los cuatro vientos la inminente llegada de su Titular, precedía a un gran número de hermanas ataviadas de mantilla.
Elegantes, muy elegantes, descendían por la lonja orgullosas de proclamar su fe aquellas que como mujeres comparten y comprenden el dolor de una madre.

El sonido de los varales del palio no dejaba lugar a dudas: María Santísima de los Dolores se disponía a caminar tras su Hijo ayudada por sus fieles costaleros en su deslumbrante y recién restaurada canastilla. Guapa, excelsa, exultante, impresionante, sublime; de esta manera la sagrada imagen de nuestra Santísima Virgen irrumpía en lo alto de la lonja de la Trinidad. Treinta y dos costaleros prestaban a la Madre sus pies y sus corazones para elevarla hasta el cielo y llevarla en pos de su amado Hijo, en su último y tortuoso camino.
El vaivén del palio, propiciado por el lento discurrir del paso, quedaría continuamente adornado por las notas musicales que la Unidad de Música de la Guardia Civil, Hermana Mayor honoraría de nuestra Cofradía, nos dedicaba un año más.

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Cofrades penitentes, mantillas, costaleros, banda, trompeteros y directivos consiguieron, de nuevo, que en la mañana del Viernes Santo la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores realizara una esplendorosa estación de penitencia.Datos sobre Nuestra Procesión
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